GRANDES TEMAS - GRANDES HISTORIAS

E c u a d o r - S u d a m é r i c a

lunes, 26 de octubre de 2015

PUTAS, LA MALDICION NECESARIA

Por Leonardo Parrini

Una prostituta quiteña realiza un performance sexual con un muchacho de 25 años en una calle céntrica de Quito. La pareja improvisa el coito callejero, a las 11 de la mañana, en señal de protesta contra el Alcalde de Quito que procedió a cerrar algunos hostales ubicados en el Centro Histórico de la capital ecuatoriana por no cumplir, supuestamente, con algunas reglamentaciones municipales para el ejercicio de la prostitución. Los transeúntes graban en sus celulares la escena y luego ésta se viraliza en un video de 28 segundos en las redes sociales. El síntoma del morbo deliberado que provoca el hecho en una hipócrita sociedad franciscana, pasa de lo virtual a lo real. Como gesto surrealista de impotencia, el funcionario policial encargado de seguridad del Municipio capitalino comenta que el acto está reñido con la ley, pero no hace nada por impedirlo o sancionarlo luego de ocurrido. El performance prostibulario se convierte en un símbolo callejero de la inoperancia del Estado, frente al ejercicio de la prostitución que, -según datos de organizaciones gremiales de trabajadoras sexuales-, es fuente de trabajo para 180 mil mujeres en el país.

“Somos putas, no delincuentes” es el grito de batalla de aproximadamente 800 trabajadoras sexuales de Quito que se manifestaron en pie de lucha por lograr un sitio digno, seguro y definitivo de trabajo en la capital. Las meretrices han denunciado que el alcalde Mauricio Rodas, -lejos de dar solución a sus requerimientos-, ha procedido a cerrar hostales del Centro Histórico, presuntamente no autorizados como lugares de ejercicio del trabajo sexual. Las mujeres amenazaron continuar realizando copulaciones callejeras, a vista y paciencia de todos, como una forma de poner en evidencia la situación de marginalidad laboral y carencia de lugares para ejercer su trabajo que les aqueja. "Esto quiere el Alcalde", dicen. "Vamos a tener sexo en las calles. No nos dan otra salida, si no reabren los hoteles".

El ejercicio urbano de "la profesión más antigua del mundo" debe ser también el problema más antiguo de la ciudad de Quito, al que ningún alcalde ha dado solución: Reubicar a las trabajadoras sexuales en un sitio adecuado para el desempeño de su trabajo y para la convivencia ciudadana, se ha convertido en una piedra en el zapato para los alcaldes quiteños. Según datos proporcionados por Elizabeth Molina, presidenta de la Red de Trabajadoras Sexuales del Ecuador, de las 180.000 mujeres que se dedican a ofrecer servicios sexuales en el país, 3.000 laboran en la capital y cerca de 400 están en las calles en los tres centros de tolerancia que hay en el Centro Histórico quiteño.

Los gobiernos autónomos descentralizados han mostrado impotencia para asumir el complejo problema: “Este es un problema que los quiteños venían reclamando hace años -ha manifestado Rodas- nosotros hemos tomado la decisión firme de dar una solución definitiva a través de exigir a todos el estricto cumplimento de la norma”. La afirmación responde a una fórmula manida acuñada por algún asesor municipal desubicado frente a una realidad, cuyo tratamiento no cuaja en la ciudad capital. “El problema es que en torno a este tipo de actividad, cuando se realiza de manera irregular, suceden una serie de fenómenos sociales profundamente graves, por ejemplo trata de personas, trabajo infantil, micro tráfico, delincuencia”, concluye impotente el Alcalde Rodas.

El síntoma de exclusión y repudio moralista a la actividad de la prostitución, se ve acentuado por medidas de carácter policiaco que incluye represión a las manifestantes y cierre de sus lugares de trabajo. Las mujeres se enfrentaron con palos, piedras y adoquines a los uniformados. Una presunta administradora de una de las hostales fue detenida por romper los sellos de clausura del establecimiento. Mientras se da esta respuesta a la protesta, las autoridades municipales manifiestan que están adecuando un bulevar en donde las trabajadoras sexuales podrán ejercer su actividad laboral. Pero la solución propuesta por las autoridades está lejos de satisfacer sus requerimientos. El exalcalde de Quito, Paco Moncayo, quien tampoco dio solución al endémico problema de ubicación de las prostitutas citadinas de Quito, dijo que "el Centro Histórico es patrimonio de la Humanidad y no puede ser un gran prostíbulo o una gran feria popular, porque en gran medida el desarrollo de la ciudad depende del turismo". Las mujeres anunciaron que continuarán con su protesta en la calles de la capital y lamentaron que no hablan directamente con el alcalde de Quito, Mauricio Rodas, para tratar su situación. "Solo vino al sector cuando era candidato, ahora no, solo con sus representantes, eso no es así, no da la cara". Es decir, la capital ecuatoriana no encuentra el sitio donde depositar la “basura social”, una lacra inmanejable de una actividad reñida con la moralina impuesta por una sociedad pacata que considera a la prostitución una maldicion necesaria.

Desde el punto de vista del Estado, la prostitución es un hecho social que debe ser asumido por las instituciones pertinentes, organismos estatales relacionados con un fenómeno que debe ser reorientado bajo un concepto cultural incluyente, que al mismo tiempo permita la reinserción de las prostitutas a actividades laborales que no suponga la cosificación mercantil de su cuerpo. Bajo la epidermis del tema subyace un hecho innegable: la prostitución es una actividad laboral que implica la transacción de una mercancía que contradice la más elemental condición de dignidad de la mujer, obligada a vender su propio cuerpo a falta de otro producto disponible. No se precisa encuesta alguna para concluir que una abrumadora mayoría de mujeres dedicadas a la prostitución, preferiría comercializar cualquier otro producto que no sea su sexo.

El performance sexual callejero de la pareja viralizada en las redes sociales no hace más que poner el dedo en la llaga de una doble moral citadina: La desvergonzada confesión de que la prostitución es una maldición necesaria. La “profesión” más antigua del mundo, es alegoría de la insensibilidad de un mundo hipócrita que prefiere voltear el rostro hacia otro lugar, y soslayar el carácter intrínseco de la prostitución en su flagrante condición de injusticia social.  

domingo, 18 de octubre de 2015

RETRATO DEL TECNÓCRATA NEOLIBERAL

Por Abdón Ubidia
A Dahik y a los Mauricios

Ahora que los neoliberales, cual vampiros, salen de su noche luego años de silencio forzado, con los colmillos más afilados que nunca y la sed de sangre premurosa, vale la pena recordar lo que escribimos una vez para retratarlos bien. Resucitaron a propósito de la actual crisis económica provocada por la caída de los precios del petróleo. Naomi Klein en su Doctrina del shock (de obligada lectura) enseña que los mejores negocios se hacen con los desastres. Cuando hay angustia: ¡invierte capitalista!, ironiza. De allí nace la idea de privatizar gasolineras y fundar las APPs, retorcido nombre de esas casas para subastar, a precio de regalo como siempre  ocurrió en “la larga noche neoliberal”, los bienes públicos de America Latina.

Empresarios cegados por la ambición y de la mano de ministras y ministros (Cely y cía.), que creyeron que ya habían dado un “golpe de estado” empresarial, forzaron la reaparición de los viejos tecnócratas: Dahik y Pozo, por ejemplo.

Los años no han cambiado al tecnócrata neoliberal. ¿Cómo es él?

Automático, locuaz, imperturbable, asoma en las pantallas de la televisión, seguro, firme en su verdad implacable. No duda. Afirma. Es el que sabe. El tecnócrata neoliberal es su sola imagen. Producto del incesto (porque su parentesco es íntimo) de la cultura de masas y el llamado capitalismo tardío, cumple el papel de defensor y vocero oficial de los más poderosos. No importa cuál sea el absurdo que ellos esgriman ni el atraco que planifiquen (la última crisis bancaria, por caso), el tecnócrata los explicará con razones técnicas y cifras escogidas de antemano.

Yuppie o deportivo, adusto o risueño, caballero de algodón o dama de hierro, el tecnócrata sabe que su porvenir depende de que logre "vender" su imagen de obsecuente servidor y conocedor de procesos que él llama irreversibles pero que, en los hechos, benefician a los ricos y perjudican a los pobres, la tan decantada "globalización", por ejemplo. Es el que sabe.

Su imagen depende de su palabra. Habla, luego existe. Nunca debe callarse. Nunca debe dejar de hablar. Si se calla muere, como Scherezade, la heroína de las Mil y una noches. De allí su programada convicción y su vehemencia. De allí el uso y abuso de términos de sentido oscuro y tecnicismos novedosos. Es el que sabe.

Porque, aparte de su seguridad y su vehemencia; aparte de su misión de explicador oficial de las verdades oficiales de banqueros y corruptos, actúa también  como proveedor ideológico de nuevos productos "macroeconómicos". Neoliberal, modernizador, privatizador y, ahora, dolarizador a ultranza, creerá ciegamente en el mercado porque él mismo es, a un tiempo, mercader y mercancía.

¿En qué consiste esa mercancía? Pues en la ilusión. El tecnócrata es un vendedor de ilusiones. Su capital es el futuro. La ilusión del futuro. Cualquier pretexto es válido, cualquier tema le será rentable: la bonanza eterna, la eficiencia, el acuerdo con el FMI, cualquier cosa. Lo importante es salvar el presente inmediato, cueste lo que cueste. Esa es su paradoja. Vende el futuro cuando su única verdad es el presente puntual. Mercancía, al fin, sabe que lo que hoy vale mucho, mañana puede no valer nada. Cualquier pequeño error le significará luego el exilio, un juicio penal o, al menos, un prudente alejamiento de la escena pública. Tiene que actuar de modo rápido. Es el demiurgo de las urgencias. "Mientras más pronto, mejor", es su divisa. De allí que advierta siempre acerca de los terribles peligros que nos acechan si se demoran las medidas drásticas que siempre recomienda. De allí también el empleo de su arsenal de metáforas manidas: el estado obeso, el enfermo terminal, la solución quirúrgica.

Es el que sabe. Pero ¿Qué sabe el tecnócrata? Sabe lo que le enseñaron. Eso y nada más. Si viene de la clase alta o, más aún, si viene de la clase media -la única clase social que se odia a sí misma-, (posgraduado muchas veces gracias a una beca pública, en centros universitarios ad hoc), nunca cuestionará ese saber porque en tal sometimiento radica su entero porvenir. No le pidamos al tecnócrata que piense en otra cosa que la que le enseñaron. Esa será su matriz de pensamiento. Su único cristal para mirar el mundo. Los demás no importan. La inseguridad social y el desempleo tampoco. La violencia consiguiente, no cuenta. No ha sido programado para eso. El está hecho para vender verdades preestablecidas. Si los perdedores serán muchos, qué mejor, pues los ganadores serán muy pocos. Y él entre ellos. Así no le importará a quién sirva ni qué defienda. Imagen viva de la corrupción modernizada, venderá su alma y su patria sin escrúpulo alguno. Es el que sabe.

lunes, 5 de octubre de 2015

PARADOCS EN FRANCIA: TRES MIRADAS CITADINAS

Por Leonardo Parrini

Alguna vez Susan Sontag dijo que “no estaba buscando el sueño de interpretar la vida, sino más bien para mi vida, para interpretar mis sueños”. Esa inmersión que consigna íntimos anhelos, acuñados en la discreta soledad de quien no hurga ni indaga, sino que encuentra; acaso sea pertinente para ahondar en la huella que deja Paradocs, en el Biarritz Festival Latinoamericano, Francia 2015.

Invitado a exhibir una muestra de fotografía documental representado por Fundación Paradocs, Ecuador se hizo presente con los trabajos y reflexiones de Paula Parrini, Francois "Coco" Laso y Santiago Serrano. Fotógrafos que “están constantemente en busca de nuevas formas de aprehensión de la realidad”, como versó el catálogo de la exposición integrada por BARRIO de Paula Parrini,  -del libro publicado por el  Ministerio de Cultura; junto a las imágenes de OTRO CIELO NO ESPERA de Coco Laso y TORO MEXECU de Santiago Serrano.  

Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere de un esfuerzo constante, ha dicho George Orwell. Y ese esfuerzo de constatación y de registro con beneficio de una imagen realista, vista a través del talento de estos tres fotógrafos ecuatorianos, nos devuelve el testimonio de una ciudad donde cada rincón es un pretexto para la indagación solitaria que va al encuentro del otro, como eco de su propia voz, reverberación de su propia mirada.

Barrio en soledad

Paula Parrini que asistió en representación del Colectivo Paradocs a la muestra que se inauguró el lunes 28 de septiembre en Villa del Festival Casino de Biarritz, había confesado alguna vez que fotografiar es un acto en solitario. En el conversatorio sostenido manifestó sobre su trabajo: "Busco fotografiar lo cotidiano...mi barrio, en donde vivo, no necesito grandes cosas...podría ser cualquier parte del mundo. Me interesan las relaciones de barrio, ese intercambio inevitable y cotidiano con el otro.". Una joven estudiante espectadora de la exposición de Parrini, replicó en esa oportunidad: Es como un sueño ver tus fotografías. Lectura que remite a la sentencia de Sontag acerca de interpretar los sueños propios y, por añadidura, los del otro.

Paula Parrini, fotógrafa por convicción y productora de profesión, trabaja desde el 2006 como realizadora independiente; en el 2008 gana una subvención para proyectos culturales del Ministerio de Cultura y realiza un documental de fotografía, con una publicación y exposición individual BARRIO, fotografía documental del barrio La Floresta de Quito 2009. Ha participado en exposiciones colectivas, Historias de la Ciudad. Flacso 2010, Fotografía a Cielo Abierto. FACA del Centro de Arte Contemporáneo CAC 2011, Project Room de Arte Actual obra DOS 2015. Actualmente produce y fotografía, un documental ecuatoriano sobre la luz en Quito Luz de América.

Otro cielo, sin dios…

Coco Laso envió a Biarritz las imágenes de OTRO CIELO NO ESPERA, una muestra en la que el fotógrafo cuestiona la representación de fervor religioso en los rituales de la Semana Santa en Quito entre 1999 y 2008. Laso, en esa oportunidad, se había referido a su trabajo como una tentativa vital en la que “los rituales religiosos son un gran pretexto para fotografiar y fotografiar es, a veces, un gran pretexto para percibir visualmente aquello que uno no entiende. Estas imágenes son la búsqueda de las apariencias visibles del sentimiento de lo religioso, si acaso aquello puede ser fotografiado. Son la manera de acercarme a un tiempo y a una religiosidad que no poseo: la fotografía me permite explicarme el lugar en el que vivo”. Puesto que la fotografía no es una reproducción inocente de lo real sino una elaboración subjetiva, una tenue huella de las apariencias de lo real, como ha reiterado Laso.

Toros sin muerte…

Y esa elaboración subjetiva de la que habla Laso, permite a Santiago Serrano subvertir la realidad en la serie TOROS MEXECU. Una propuesta con mirada plural en el mundo de los toros entre México y Ecuador, que le hace al fotógrafo cuestionar nuestra relación con la muerte. Una relación que no alcanza a tamizar el espectáculo taurino. Con el proyecto PIÉLAGO expuesto en el Hotel du Palais, este mismo fotógrafo nos hace redescubrir el mar a través de los ojos de un niño que invita a soñar y a ver el mundo de otra manera.

La trilógica mirada de tres talentos de la fotografía ecuatoriana confirma que en esta indagación de registrar el mundo, no siempre se encuentra la vertiente de interpretar la vida. Acaso solo un destello de luz para redimensionar los sueños, como sugiere Sontag.