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domingo, 14 de septiembre de 2014

LA VIOLACIÓN Y LAS MADRES A LA FUERZA


Por Leonardo Parrini

Una vieja canción de los años sesenta del español Manolo Galván, versaba:
Hubo una hermosa doncella que tenía 15 años y una belleza muy fresca.
Se bañaba junto al río en un rincón de la alberca
Un día tres mozos llegan para sin ser vistos y al verla se excitan ante esa flor rebosante de pureza
Y entre los tres y a la fuerza destruyeron de la niña la más grande de sus prendas…
Y de aquel salvaje acto lleno de horror y violencia saliste tú mi hijo para alegrar mi tristeza.
Solo viví para ti, no me entregué fue a la fuerza…Madre, muchas gracias por ser una madre entera…
Galván se hizo famoso con ese tema y la canción se convirtió en un clásico, porque la historia es recurrente: adolecentes violadas, convertidas en madres a la fuerza.

Mientras reviso mis apuntes -y repiquetea esa canción en mi cabeza-, me sorprende una estadística reveladora: 3.800 violaciones terminaron en embarazos durante el 2010 en el Ecuador. El reporte del censo de ese año indica que el Carchi es la provincia con mayor incidencia, con el 69% de los casos de madres adolescentes entre los 12 y 19 años. Marcia, de 13 años, oriunda de Tulcán, protagonizó la canción del español, cuando luego de una fiesta de su colegio fue asaltada y violada por dos individuos mientras regresaba a casa. La espesura de la noche ni la vergüenza familiar, pudieron silenciar el hecho: la niña decidió denunciar el caso a las autoridades y a los pocos días la menor sintió los síntomas del embarazo forzado. La adolescente pasó a engrosar la lista de madres adolescentes que, según datos del Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos (INEC), en 2010, reportan que un total de 3.864 niñas menores de 14 años fueron madres.

Voces de alerta

La relación violación aborto fue un tema debatido por la Asamblea Nacional en el 2012 imponiéndose la tesis del aborto legal solo en casos de mujeres con discapacidad mental. Esta decisión no tomó en cuenta una realidad: el aborto es un problema de violencia y de derechos, que del 25% al 40% de los abortos son provocados y en pobreza. Hoy día, el Código Integral Penal del Ecuador COIP, en su artículo 171, tipifica como delito de violación “al acceso carnal  con introducción total o parcial del miembro viril cuando la persona  sea menor de 14 años”, aun cuando sea con el consentimiento de la mujer.

Verónica Vera del Colectivo Salud Mujeres, concluye en que “se podría decir entonces, que todos estos embarazos al tratarse de niñas menores de 14 años, son producto de una violación”. La fuente menciona que, a nivel internacional, el 30% de los asaltos sexuales dejan en estado de gravidez a las víctimas mujeres, pero el caso en el Ecuador no arroja datos certeros. No obstante, según el último censo del 2010, se revela que entre los 12 y 19 años, suman 122.301 las adolescentes embarazadas que se convirtieron en niñas madres en el país.

El COIP, en su artículo 149 señala la penalización para el aborto, aun en casos de violación, dejando abierta la posibilidad de que una menor que resulta embarazada, luego de ser violada, no tiene otra alternativa que ser madre a la fuerza. Excepto el aborto no punible, tipificado en el artículo 150: El aborto practicado por un médico u otro profesional de la salud capacitado, que cuente con el consentimiento de la mujer o de su cónyuge, pareja, familiares íntimos o su representante legal, cuando ella no se encuentre en posibilidad de prestarlo, no será punible en los siguientes casos: Si se ha practicado para evitar un peligro para la vida o salud de la mujer embarazada y si este peligro no puede ser evitado por otros medios. Si el embarazo es consecuencia de una violación en una mujer que padezca de discapacidad mental.

Organizaciones de mujeres y feministas reclaman la despenalización total o, al menos para casos de violación. El argumento es enteramente atendible, puesto que las legislaciones restrictivas nunca han impedido que las mujeres aborten, únicamente obligan a que lo hagan clandestinamente, a costos exorbitantes y en pésimas condiciones.  Es más, las actitudes culturales cargan la culpa del embarazo no deseado a las mujeres y dejan a los hombres libres de responsabilidad.

Encuestas realizadas en el país indican que el 64 % de la población ecuatoriana está a favor de despenalizar el aborto por violación. Se conoce que una de cada cuatro mujeres en el Ecuador sufre violencia sexual, y cada cuatro minutos una mujer aborta en el país en condiciones inseguras e infrahumanas. Los colectivos femeninos sugieren con justa razón que “si un embarazo es producto de una violación o de un acto violento, la mejor solución sería recurrir al aborto terapéutico. De este modo, “las mujeres tienen derecho a asumir su propia vida y tomar decisiones que le den bienestar y serenidad”. 

El aborto es un derecho privativo de toda mujer que la ley o norma penal debe regular. "Mantener la ley tal como está es un retroceso. Y ustedes (asambleístas) tienen la obligación de que nuestros derechos no retrocedan", afirmó en su momento Margarita Carranco, del Movimiento de Mujeres. También en esa ocasión se hizo oír la voz de su colega Sarahí Maldonado: "Nos están obligando a tener el hijo de un violador. Con esta ley se legitima la violencia”. Virginia Gómez de la Torre, del Frente de Defensa de los Derechos Reproductivos, manifestó en su oportunidad que “en el país hay 0,80 % de casos que se enmarcan en la violación a una mujer con discapacidad mental. Mientras que "el nuevo Código no amparará al otro 99,2 % de mujeres violadas".

En opinión de los colectivos femeninos “Ecuador perdió la oportunidad histórica de despenalizarlo en casos de violación. Era una posibilidad de responder a una demanda de las mujeres y a una realidad concreta del país, "porque en Ecuador la violencia sexual es un dato de todos los días”. Por tanto existe una deuda pendiente con las mujeres, si bien el debate pone en la palestra un tema polémico, éste debería ser discutido y resuelto sin otro interés que restituir un derecho colectivo de las mujeres a discenir sobre su propia vida reproductiva. Cuando la ley no se ajustaba a la realidad, se corre el riesgo de legislar al margen de la vida.

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