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miércoles, 29 de mayo de 2013

VIDA DE PERROS


Por Leonardo Parrini

Se ha dicho que el perro es el mejor amigo del hombre, y lo es; pero, cuando el hombre asume posturas de cancerbero, ya no lo es. Esta verdad calza bien para definir la actitud de cierta prensa y, en particular, de sus editorialistas que a falta de políticos de oposición, han asumido un rol beligerante contra todo lo que huele al Estado. ¡Y vaya que sí tienen buen olfato y vista aguzada para verle las costuras al régimen, al que dan palos porque boga y palos porque no boga! 

Días atrás, una editorial de El Comercio de Susana Cordero hablaba del silencio en que vivimos y hacía referencia a que “Idealmente, comunicar supone transmitir ideas; sugerir, escuchar. Exige disponibilidad a recibir críticas y a argumentar críticamente, a estar abierto a la opinión de los demás y a demandar que esa opinión ilumine, trascienda los límites de lo subjetivo”.
 
Nada más alejado de la realidad de lo que ocurre en la prensa ecuatoriana, pues aquello que describe Susana Cordero en su editorial es exactamente lo contrario de lo que se publica en los periódicos, se dice en las radios y se ve en las pantallas de la televisión: el flagrante subjetivismo criticista, a cuenta de que ostentan el efímero poder de un micrófono o de una cámara.

En un editorial del periodista colombiano radicado en el Ecuador, José Hernández, se lee a propósito de la oposición del Presidente Rafael Correa al matrimonio gay: "El Presidente no entiende que el rol de la mayoría política no es homogeneizar a la sociedad según su modelo…" El mismo editorial, a renglón seguido, acota: "El Presidente no sólo fue ventajoso: mostró que no entiende lo que es la democracia contemporánea". 

El editorial alude a un interlocutor al que no se le confiere el derecho a réplica en el mismo espacio, ni existe en su contexto la confrontación de fuentes: "Ahí radica el fracaso anunciado de la nueva revolución cultural que se anunció… Hay subdesarrollo político en el oficialismo". Juicios de valor a destajo. ¿Insidia editorialista o mala fe manifiesta? El grupo latinoamericano de rock Los Bunkers, parece esbozar la respuesta en una de sus canciones: Llevo una vida de perros. Mastico pan con veneno. Todos ligeros de mente. La rabia se nos salía por los dientes.
 
Perro que ladra no muerde

Con toda razón Susana Cordero puntualizaba que “La comunicación no pertenece a un individuo en soledad: se hace, se nutre, se sostiene en común” Y es, precisamente, irónico que ese ejercicio en soledad de los editorialistas transformados en políticos de barricada, subyace bastante alejado del bien común; del común denominador de la opinión ciudadana que, por añadidura, bien sabemos que ya se ha pronunciado en las urnas y en sondeos de opinión sobre la gestión del Estado y del Gobierno fustigados por “el linchamiento mediático” a que están sometidos.

En insostenible postura de cancerberos de la opinión, algunos empresarios de la información –auto convencidos dueños de la verdad- asoman como el perro del hortelano que no come ni deja comer. No informan ni dejan informar, inmersos en la autocensura a que someten a sus medios por voluntad propia.

Y en eso concordamos, una vez más, con la editorialista Cordero- la autocensura campea puertas adentro y puertas afuera de las salas de redacción: "Evoquemos críticamente las conversaciones de coctel; las de las reuniones de amigos, las de intelectuales y artistas; las de los políticos; releamos comentarios; averigüemos en revistas las brillantes vidas ajenas. ¿Percibimos algo más que un triste silencio?"

Silencio, por temor o favor. Pero, ¿quién los silencia? ¿Dónde están los presos de conciencia en el Ecuador? ¿No tienen acaso plena libertad de expresarse aquellos que alzan la voz reclamando falta de libertad de expresión? 

Como corolario al crítico diagnóstico acerca de la situación que vive la prensa, descrito por la editorialista Cordero, suscribimos su rutilante conclusión: "No poder preguntar, ni ilustrarnos, ni ilustrar; no poder criticar libremente es no poder pensar". Sí, puesto que para el pensamiento no debe haber camisa de fuerza, o peor, mordaza auto infringida como un esparadrapo en los labios. 

El pueblo dice con sabiduría: perro ladrador, poco mordedor. Y esto acaso es aplicable a la clase política relevada de su postura opositora por cierta prensa beligerante. Esa oposición silenciosa que se expresa por la herida de una prensa ladradora, es en definitiva poco mordedora, acaso sólo brabucona, cuando proclama a los cuatro vientos que vivimos en el reino de la intolerancia. A otro perro con ese hueso.

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